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7 de Febrero de 2012
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Desde que el primer reptil prehistórico echó a volar

Según un artículo publicado recientemente en la revista PLoS ONE con la investigación de un equipo de científicos de Gran Bretaña y Estados Unidos, se ha llegado a la explicación de cómo los reptiles prehistóricos voladores (por ejemplo los pterosaurios) eran capaces de conseguir la potencia necesaria para remontar vuelo.

Durante el período Mesozoico, aproximadamente 70 millones de años antes de la aparición de los primeros pájaros, los pterosaurios colmaban los cielos con su vuelo. Si bien muchas veces se dice que se trataba de dinosaurios, lo cierto es que no lo eran exactamente, aunque sí estaban relacionados. Los dinosaurios se definen concretamente como reptiles diápsidos de andar erguido, y los pterosaurios muy probablemente fueran del tipo semierguido. Muchos de estos reptiles voladores alcanzaban envergaduras de más de 10 metros, lo que podría compararse al tamaño de una pequeña  avioneta. De esta forma, durante mucho tiempo los investigadores se preguntaron cómo hacían exactamente para remontar vuelo con tales proporciones, aunque sí se tenía en claro que de alguna forma obtenían la fuerza necesaria batiendo sus enormes alas.

De acuerdo con el informe de este grupo de investigadores británicos y estadounidenses, además de tener huesos huecos como los pájaros de la actualidad, los pterosaurios poseían sacos de aire que se extendían desde los pulmones a diferentes partes de su cuerpo. Este sistema respiratorio funcionaba de manera eficiente, trabajando en conjunto con los huesos huecos, lo que proporcionaba a estos reptiles una baja densidad que les permitía elevarse por los aires.

Según explicó el doctor Dave Urwin, paleobiólogo del Departamento de Estudios Museísticos de la Universidad de Leicester (Reino Unido), coautor del artículo publicado en PLoS ONE: “Hemos descrito el aparato respiratorio de un pterosaurio. Se trata de un mecanismo sorprendentemente eficiente que, en lo esencial, posee la misma estructura que el sistema pulmonar de un pájaro moderno, sólo que desarrollada 70 millones de años antes”.

Otro de los participantes del estudio, el doctor Leon Claessens, profesor auxiliar de la Universidad Holy Cross (Estados Unidos), ha comentado: “La forma y el tamaño de los segmentos de la caja torácica que se articulan con el esternón muestran que, al contrario de lo que originalmente se pensaba, la caja torácica era móvil”. Por otra parte, añadió que “las extraordinarias proyecciones de las costillas del esternón, nunca antes detectadas, potenciaban los músculos que daban movimiento a la caja torácica”.

La investigación tuvo origen en un viaje a Berlín que hizo el doctor Claessens junto con Patrick O’Connor, profesor auxiliar de la Facultad de Medicina Osteopática de la Universidad de Ohio (Estados Unidos), hace unos seis años atrás. Durante su estadía tuvieron oportunidad de encontrarse con el profesor Urwin, con quien pudieron observar una caja torácica de pterosaurio en buen estado de conservación. El mismo Urwin ya había tenido oportunidad de estudiar dicha estructura ósea mientras trabajaba como conservador del Museum für Naturkunde de Berlín, durante el año 2003. Tras esa instancia, los tres científicos decidieron unir sus capacidades para encontrar la explicación de cómo lograban los pterosaurios obtener la fuerza necesaria para mover continuamente sus alas durante el despegue y el vuelo.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores compararon la estructura ósea de estos reptiles con esqueletos de diferentes aves actuales, con lo que pudieron comprender mejor la relación entre los sacos de aire y los huesos. Mediante la utilización de tomografía axial computarizada y radiografías lograron llegar a muchas de sus explicaciones.

En determinado punto del artículo publicado, los investigadores expresan respecto a los pterosaurios: “Sus sacos de aire se extienden hasta la punta de las alas, lo que abre una amplia gama de posibilidades con respecto al empleo de dichos compartimentos de aire durante el vuelo y los comportamientos sociales. Descubrimos una relación directa entre la proporción del esqueleto que contenía sacos de aire y el tamaño total del animal”.

Como conclusión, se podría decir que cuanto menor es el tamaño del animal volador, menos cantidad de huesos con aire necesitará para volar, debido a que su peso es reducido y no requerirá gastar tanta energía para mantenerse en el aire. Reptiles voladores de gran tamaño, como los pterosaurios, cuentan con más huesos huecos y sacos de aire que les permiten reducir su densidad ósea y suspender sus cuerpos en el vuelo.

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