Turritopsis Nutrícula, la medusa que conoce el secreto de la inmortalidad
Una pequeña medusa de apenas medio centímetro de longitud, la Turritopsis Nutrícula, tiene una característica que la hace única en el reino animal: es inmortal. No muere tras alcanzar su estado adulto, sino que es capaz de regresar a su forma juvenil y repetir su ciclo vital hasta alcanzar una segunda madurez, y una tercera, y una cuarta, y así sucesivamente, hasta un número infinito.
Los investigadores estiman que la hidromedusa ha descubierto, a lo largo de su evolución, la manera de modificar sus células una vez que éstas se han diferenciado y de hacerlas retroceder a fases anteriores a su especialización. Este fenómeno se denomina transdiferenciación, y se puede ver cuando un órgano dañado regenera sus tejidos, por ejemplo. Pero para la Turritopsis Nutrícula es un proceso normal de su vida.
Se conoce su existencia desde hace más de diez años, a partir de cuando ha sido sometida a análisis genéticos y biológicos de todo tipo. En pruebas de laboratorio, el cien por ciento de los ejemplares analizados han madurado y vuelto a la juventud decenas de veces, sin perder ni una sola de sus características o capacidades. Es así que los investigadores concluyeron que la muerte orgánica es imposible en esta especie.
La novedad la ha dado recientemente la bióloga Maria Pía Miglietta, de la Pennsylvania State University, que a causa de una serie de análisis genéticos se dio cuenta de que la especie -originaria de los mares del Caribe- se había extendido a prácticamente todos los océanos del planeta. La científica comparó el ADN mitocondrial de ejemplares recogidos en Florida y Panamá con otros procedentes de diversos lugares del mundo, recolectados en investigaciones anteriores.
La bióloga se encontró con la sorpresa de que determinadas secuencias genéticas se repetían en ejemplares obtenidos desde Panamá hasta Japón. En quince de ellos, procedentes de ambos países y de las costas españolas e italianas, las secuencias eran idénticas. La existencia de este patrón implica una extraordinaria facilidad de movimiento, que los investigadores vinculan -al igual que en otras especies marinas invasoras- con las bodegas y los tanques de los barcos que navegan por esas aguas.
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